
La correcta suspensión del clásico permitió subir un canal y poner al Barcelona. Y ver al Barcelona es mucho más que apreciar al mejor equipo del mundo. Es la eterna comparación y la envidia, también es el deleite. Lo de la comparación pasa obviamente por el mejor jugador del mundo. Messi es hoy el hombre más decisivo y desequilibrante del Planeta dentro de un terreno de juego, aún más que en 2009, el año en el que él y su equipo ganaron todo. Lo de la comparación es, obviamente, por su desigual rendimiento cuando se pone la de la Selección.
Messi es Messi vestido de blaugrana. Messi no es Messi sino uno más cuando se viste de celeste y blanco. Y esto quizás sea una sana demostración de que hasta el más individualista depende de un equipo, vaya contradicción.
Van apenas 5 minutos de juego en Zaragoza y el 10 del Barcelona arranca en mitad de cancha sobre la raya lateral derecha. Se para de frente a su arco. Recibe la pelota y tira un taco como autopase para sacarse la marca de encima. Se perfila y tiene a un compañero para descargar. Surge la primera pared. La lleva y ya tiene otra opción de pase que le va limpiando el camino. Toca y se la tocan. Y ya está en tres cuartos por el medio. Juega hacia delante. La jugada continúa pero Messi se pierde en la misma o eso parece, equivocadamente. Hay un defensor local que comete un error y esto provoca que el balón vaya a la izquierda del ataque catalán. Messi ya empezó a acelerar y espera en el área tras recorrer por lo menos 25 metros sin la pelota. Llega el centro a media altura, a la medida de él, quien pone la cabeza y anota. No es un golazo (ya van a venir), es simplemente la demostración de que el rosarino tiene muy buenos jugadores alrededor. Sea Dani Alves, Keita, Maxwell o Yaya Toure (en el banco estaban Puyol, Iniesta y Henry, un lujo) hay una idea colectiva que en Argentina no se ve ni se vislumbra. Los mencionados compañeros de Messi, los que estaban dentro o fuera del campo de La Romareda, tienen un nivel que hasta acá algunos componentes de la Selección no han demostrado y otros directamente nunca tendrán. La utilización de los laterales que suben permanentemente o de los medios que se muestran como receptores de pases cortos, son vitales en la vida de Messi. Pedirle a Otamendi que jugando de 4 haga el trabajo de Dani Alves sería un desatino y hasta una burla a las posibilidades del prometedor central (y no lateral) de Vélez. Ni que hablar si Messi decide cambiar de punta y se encuentra con Heinze. El vértigo de Di María o de Jonás pueden ser productivos, eso sí, aunque no tanto si se buscan hombres de buen pie que puedan ponerse de frente al 10 y de espaldas al arco rival como para allanarle el camino con una devolución rápida y a un toque. Pretender que ese Messi del Barcelona (generador de jugadas de ataque) sea el mismo en el conjunto de Maradona por lo menos hoy a 80 días de Sudáfrica, sin trabajo ni un esquema bien pensado, es imposible.
En el complemento se vió la versión unipersonal de Messi en su esplendor, la que también se le reclama en la Selección y todavía no apareció, quizás sí por absoluta responsabilidad de él. Trabó una pelota pasando mitad de cancha, la luchó con vehemencia y ganó pese a su supuesta inferioridad física. Siguió, se metió en el área, la adelantó un poco y corrió el riesgo de perderla, pareció que se le iba, pero no. Hizo una gambeta mágica y otra y definió. Genial, Messi en estado puro. El Messi que todavía no vimos en la Selección. Y hubo más, recibió la pelota de Iniesta (otro crack que en Argentina no hay) a unos 25 metros del arco, encaró, pateó y fue gol. Muy sencillo. Un gol que significa confianza.
Luego Zaragoza descontó en dos oportunidades y se puso a uno del empate. Fue así que en la primera jugada después del saque de mitad de cancha, parece que se enojó y se metió por derecha (su costado preferido) en el área. A puro dribbling con la cara externa del botín zurdo se sacaba muñecos de encima, yendo hacia afuera, hasta que a los defensores de Zaragoza no les quedó otra que derribarlo con un manotazo, porque por más que se tiraban con los pies en punta no podían. Messi bien podría haber pateado el penal para seguir sumando en su cuenta de futuro Pichichi (lleva 25 goles en 27 fechas de la Liga, ) pero en un acto de generosidad y también de liderazgo, decidió cederle el tiro a Zlatan, quien como para hacer dudar de porqué gana más de 10 millones de euros venía de errarse uno tras otro goles fáciles. En esto de decidir y definir acerca de los actos de sus compañeros, también hay una clara diferencia de actitudes según la camiseta que se ponga.
Culpas compartidas y responsabilidades individuales (del DT de Argentina o de la figura según el caso) aún nadie vio al Messi del Barcelona en la Selección. Hay que ser conscientes de que hay momentos que posiblemente se repitan y otros no. Messi es el mejor del mundo en el mejor equipo del mundo, por rendimiento colectivo la Argentina está por ahora lejos de ser el mejor del mundo. Aunque todavía queda algo de tiempo para corregir los errores y rendir el examen final.