Un viaje en subte suele ser muy aburrido. Oscuro, triste, sucio y en verano demasiado caluroso el vagón se empeña en repetir que uno se ha equivocado de medio de transporte. Aunque a la vez es el más rápido y es esa la sencilla razón por la que uno se somete 10 metros bajo tierra cada día. En el medio de la excursión hacen su aparición los vendedores ambulantes, quienes además de intentar vender los cosas menos útiles que existen suelen sufrir cierto desprecio. Que nadie los oiga aunque los escuchen, que nadie los vea aunque los miren y sobre todo que muchos no sean capaces de decir al menos "no, gracias", ni "no" ni mucho menos "gracias", simplemente un gesto con la mano que denota molestia. Quizás todo esto no requiera análisis, excepto cuando el que ofrece algo para venderte es un nene o una nena que no tienen más de 5 años y que bien podrían estar jugando en una plaza. Es ahí cuando uno debe abrir los ojos y mirar alrededor porque alguien seguramente está obligando a esos chicos a vender en un vagón oscuro, sucio y caluroso a la hora de los juegos. Y sí, ahí están, ¿serán sus padres? ¿sus tíos? o simplemente un grupo ideado para obligar a los menores a vender sabiendo que ellos pueden generar pena y por lo tanto el porcentaje de las ganancias puede ser mayor. Se encuentran en los andenes, suelen ser 5 ó 6 mayores y alrededor de ellos se ven a 15 chicos que se turnan en salir corriendo hacia cada tren cuando éste llega a la estación. Alguien los deja actuar, alguien los deja pasar a la estación, ninguno de nosotros los denuncia, la Policía es cómplice como siempre, mientras tanto todos preferimos mirar por otra ventanilla.
*Situación que se ve a diario en la concurrida estación Avenida La Plata del subte E.
jueves, 26 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario