Luego de una goleada como esta ante Venezuela, es mejor ser cautos, ¿se puede? Se debe pero es difícil. Y la cautela pasa por el rival, por ese débil equipo vinotinto que ni jugó, ni se defendió en el Monumental. Porque no siempre habrá una Venezuela semejante enfrente. Aunque sí estará de este lado un Messi con ganas (muchas veces en exceso) de hacer el gol inolvidable, iluminado por la 10 que le prestó su DT; un Tevez distinto, útil como no lo había sido en los últimos tiempos; un Mascherano tiempista, atento, aguerrido; y dos carrileros enérgicos, positivos, generadores de surcos, imparables como Maxi R y Jonás G. Ellos más Gago encienden la ilusión de que se puede pelear por algo importante, por aquello que es esquivo desde hace más de 20 años.
Tras el partido de ayer, el arquero y las pruebas defensivas generan incógnita por la ya mencionada patética actuación venezolana. Por eso hay que esperar, se debe tener en cuenta que puede faltar altura y hasta algún preparativo extra en las pelotas detenidas, pero hay tiempo. Hay tiempo y ganas. Hay un compromiso evidente de estos jugadores para con la camiseta primero y con el entrenador después.
La mano terrenal de Maradona se va viendo de a poco. Carrizo, Angeleri, Zanetti en una posición extraña (lo único bueno fue en el primer gol cuando se salió del libreto), Messi por derecha, Verón para tener la pelota los últimos 15. Son todas cosas que el Diez va probando y que salieron de su cabeza.
Verlo parado al costado con ropa oficial de la Selección aún es extraño. Si hasta dan ganas de gritar "entrá un ratito, Diego". Pese a la imposibilidad, su imagen y la de "su" equipo generan un aura, un sueño que muy posiblemente en Sudáfrica se haga realidad: que la Argentina vuelva a estar entre los 4 mejores del mundo.
Ser cautos es tan difícil
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