La Primera B me llevó por primera vez en el año a Junín, a 300 kilómetros de Capital. Ruta 7 derecho, muchos camiones, una sola mano, viaje no tan sencillo para el que conduce. Salimos temprano, pasadas las 8 de la mañana, sí sé que quizás no sea tan madrugadora la salida, pero hay otras costumbres.
Durante el viaje hay mucho diario, mucho suplemento de fin de semana. Clarín (que un sábado es más un folletín publicitario de electrodomésticos y celulares que un diario de noticias), Olé (que se lee en menos de 30km de recorrido) y Perfil, que siempre trae notas interesantes. Entre la lectura y algún comentario laboral con mis compañeros (Damián Trillini y Hernán Rafael), parada con café con medialunas mediante, se pasa la ida.
Ya en Junín, surge un comentario de mi boca: “acá se vive tranquilo”. Como si la tranquilidad fuese sinónimo de casas bajas, pocos autos, algunas bicicletas y cero grado de locura porteña. Dentro del club, una de las primeras personas que cruzo me advierte: “cómo crece este club, siempre están haciendo algo” en alusión a algunas obras que se ven en la entrada principal y el orden que reina. La misma persona agrega, “es como dice Cristina, el ‘yuyito’ ése es mágico”; se refiere a las bondades de la soja, pronunciadas por la Presidenta. La persona de la frase es Gastón Granados, Presidente de Tristán Suárez, hijo del Intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, quien fue menemista y desde hace varios años es muy kirchnerista.
El Manager deportivo de Sarmiento se sienta en la mesa de un almuerzo fugaz (la transmisión arranca a las 12:55) y cuenta los proyectos de Sarmiento. El trabajo en inferiores parece ser un pilar, también el intercambio de jugadores jóvenes con instituciones de otros países. La mejora de los campos de entrenamientos es una premisa. La idea es subir de categoría para sostener la idea. A diferencia de otros que podrían pensar que ascender a la B Nacional implicaría una erogación de gastos excesiva por los viajes y la suba del presupuesto profesional (los sueldos pueden significar el doble), Sarmiento cree que vale la pena el gasto, o mejor dicho la inversión. Es más en alguna cabeza juninense ronda, con vía de certeza, el deseo de Primera división como estandarte del proyecto.
Mientras uno sube a las cabinas, de fondo se escucha la “voz del estadio” que no para de nombrar empresas. Al final de la larga tanda publicitaria menciona un slogan que en algún momento de la Argentina hasta pareció (lamentablemente) una bandera de guerra. El locutor dice “Sarmiento, el club del Campo argentino”. El slogan queda rebotando. Tras el partido, ya en la ruta y con el partido de Ferro de fondo (sí, sí increíble, ganamos) levantó la vista y miró por la ventanilla. La 7 está sembrada por todas partes. La ignorancia habitual del porteño de departamento no permite dilucidar si hay soja, maíz o qué. Hay mucho ganado también, mucho pero mucho. Y también pasamos camiones con cerdos apilados uno arriba del otro. Tras tanto comentario, reproducción de frases e ideas de crecimiento, surgen varias preguntas ¿Estamos mal? ¿Vamos mal o bien? ¿Estamos peor o mejor que antes? ¿Se exagera desde los medios o desde el gobierno? ¿O qué? El viaje me cansó, no tengo respuestas.
domingo, 21 de marzo de 2010
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