jueves, 13 de enero de 2011

Messi, dorado y embarrado

*La columna fue escrita para el blog español fiebredefutbol.com 

 
 Lionel Messi es el mejor jugador del mundo. La afirmación que en estos días es noticia por la entrega del Balón de Oro parece tener su costado polémico no sólo en España por haber quedado relegados Andrés Iniesta y Xavi, las dos figuras del Campeón del Mundo en Sudáfrica. En la tierra del mismo Messi se discute sobre él. La rareza sucede en verdad no tanto por el brillante rendimiento de Leo semana a semana con la camiseta blaugrana, sino por su actuación cuando le toca vestir la celeste y blanca. Esto último conduce a muchos argentinos a repensar si Messi es realmente el mejor del Planeta. Sí, aunque cueste creerlo.

Messi es para los argentinos una figura televisiva antes que un héroe de carne y hueso, un verdadero ídolo. Lo mejor del rosarino lo han visto vía satélite en la comodidad de un sofá frente al televisor y no es un estadio; y esto al melancólico argentino le produce una imagen distante, fría. Consecuencia de una devaluación, ineptitud de los dirigentes o por simple tercermundismo, Messi no debutó en una cancha argentina. Es más: ni siquiera jugó en juveniles. Sí lo hizo en infantiles de Newell’s Old Boys de Rosario y de aquella época solo quedan unas pocas imágenes de una verdadera pulga esquivando rivales y festejando con un revoleo de su camiseta rojinegra. Como muestra del nulo registro que existe en Argentina de esos momentos de Messi, las imágenes pertenecen a la televisión peruana. 

La primera vez que vistió la casaca argentina fue a los apurones, en un amistoso armado especialmente en el momento en que España lo tentaba para nacionalizarse y vestir la Roja. Fue en 2004 en el estadio Diego Armando Maradona. Ese nombre y el mito viviente de ese hombre también juegan su partido para los ojos de aquellos que están en este lado del mundo. La comparación existió, existe y existirá ya sea para el parroquiano de bar de café,  para el simple trabajador y también para aquellos que nos ganamos la vida hablando de fútbol en un medio de comunicación. En cualquiera de esos ámbitos se pueden escuchar sentencia tales como "no es Maradona, no tiene el carácter de Diego", "todavía no ganó nada con la Selección" y "que alguna vez juegue en Argentina como en el Camp Nou", a manera de súplica pero sobre todo de reto. La realidad es que el Messi versión Selección argentina se le pareció poco al que brilla en Europa sobre todo en la fase clasificatoria al último mundial, pero de ahí a dudar de su talento hay un largo camino que muchos prefieren acortar.

A varios le cuesta entender que Messi es Messi y no Maradona por más que sea zurdo y se lo considere el mejor. A muchos otros hasta parece molestarle su existencia. Quizás la mejor explicación la brinde Fabián Casas, periodista y escritor, quien en su descripción del fanatismo maradoniano (según el escriba el ‘gordismo’), expresó en forma irónica lo siguiente: "…Messi a diferencia de Maradona tiene un problema clave, difícil de digerir para los ‘gordistas’. No es argentino. De hecho es gracias a la Madre Patria y los euros del Barcelona que el joven nacido en Rosario puede jugar en las grandes ligas. Es gracias al Barca que Messi y su familia tienen un futuro por delante. Fue en los laboratorios del Barca donde lo alargaron, lo cuidaron con algodones y le dieron una identidad".

El argentino que aún no interpretó que Messi es el mejor en el mejor equipo del mundo y que no entiende que en la Selección ningún DT lo supo ubicar ni rodear como corresponde, suele estar cerca del pensamiento del párrafo anterior. El argentino adorador de las polémicas y las dicotomías lo hace enfrentar a Messi hasta con el propio Messi en la opinión pública.

Los títulos en la categoría Sub 20 y Sub 23 (Juegos Olímpicos de China) no se recuerdan. Es cierto que Messi no integró un plantel campeón argentino, como tampoco lo han integrado aquellos cientos que vistieron la celeste y blanca en los últimos 18 años. La gran oportunidad de romper la racha de frustraciones estará en el propio suelo argentino en la próxima Copa América de julio próximo, con Messi con la 10 en la espalda y muy probablemente con la cinta de capitán. El propio Leo sabe que ése debe ser su torneo y que de brillar todo lo que se dice quedará en el olvido.



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